El dinero es la nueva religión, y una serie de dogmas neoliberales interesan más a ciertos sectores que las promesas de redención y vida eterna. En este rebranding sectario hay también otras categorías. “En el área de salud, por ejemplo, se tira de medicinas alternativas y pseudoterapias”, explica Valcárcel. En el reciente libro (Capitán Swing), se alerta sobre cómo el se han convertido, en algunos rincones de internet, en una especie de religión digital de carácter sectario. A través de mensajes aparentemente inocuos, se va fomentando el rechazo a las vacunas, la política o el sistema educativo. Y se pide a los nuevos adeptos cierto activismo digital. “Los fieles de la conspiritualidad son investidos como compañeros digitales de batalla”, apuntan los autores.
Manrique empezó a hablar con ella en Facebook. Comenzó a recomendarle lecturas y vídeos de su canal de YouTube. Después se pasaron a WhatsApp. Mensaje a mensaje, el hombre fue introduciéndola en un mundo de fantasía y paranoia. Las conversaciones se estiraban hasta la madrugada. Los padres solo percibían cierta somnolencia y una bajada de rendimiento en los estudios. El hombre preguntó a Aguilar por su fecha de nacimiento y le dijo que era una “elegida astrológica”. Que era un ser especial, predestinada a unirse a su causa, que pasaba por tener hasta 10 mujeres y 300 hijos para crear una nueva raza. “Y mira, sé que todo esto suena muy rocambolesco, así contado de forma resumida. Pero ocurrió de una forma tan sutil y en un momento tan delicado…”, añade Bru. “Fue un año y medio de bombardeo constante”.
Nadie se dio cuenta de que algo no iba bien. Hasta que Patricia robó una importante suma de dinero a sus padres y se marchó, justo al cumplir la mayoría de edad, sin decir adiós ni dejar una nota de despedida. Fue rescatada un año más tarde en una región selvática de Perú, en condiciones lamentables y con un bebé de pocos meses. Su captor por trata de personas. “Piensas que tu casa es un entorno seguro”, explica Bru. “Y es falso, pero ves que está en su habitación, que tú abres la puerta y la ves. Te preocupas por los desconocidos de la calle y no tanto por los que puedan aparecer en una pantalla”.
Y esto es un error. Porque no solo el entorno familiar baja las defensas, también lo hace (sobre todo lo hace) el propio internauta. “Cuando estamos frente al ordenador, nos confiamos”, explica Valcárcel. Es el llamado . “Disminuimos el filtro que ponemos en las relaciones cara a cara. Nos resulta más fácil expresar sentimientos o dudas existenciales, contar nuestra vida a un desconocido, algo que no haríamos tan fácilmente en el mundo físico. Le damos acceso a nuestros pensamientos más íntimos. Y a nuestra cuenta bancaria”.
Se suele pensar que las sectas son estructuras grandes, con cientos de fieles, pero una relación sectaria se puede dar también a pequeña escala. Con un par de personas es suficiente. “Nosotros, uno de los problemas que nos encontramos con el caso de Patricia fue explicar eso”, recuerda Bru. “Mucha gente nos decía: ‘Pero si son cuatro gatos, eso no es una secta’”. En el momento del rescate convivían con el captor tres mujeres y cinco niños. Esta situación es cada vez más común. Las sectas se han atomizado. De esta forma son más manejables y es más fácil que pasen bajo el radar.
En este sentido, es paradigmático el caso de , que fue manipulado durante cuatro años por una amiga para que le diera miles de euros. En poco tiempo, sucumbió a una historia delirante, confundió a todo su entorno con mafiosos y acabó matando a su padre por orden de la mujer. Ella diseñó un mundo de fantasía y utilizó técnicas coercitivas para manipular a un hombre con baja autoestima y problemas psiquiátricos.
La investigación académica muestra que internet no solo facilita la difusión de ideologías radicales, sino que reproduce muchas de las dinámicas clásicas de las sectas: líderes carismáticos, comunidades cerradas, presión grupal y aislamiento informativo. La diferencia es que ahora estos procesos pueden desarrollarse a escala global y a gran velocidad. Las características únicas de las redes sociales crean un entorno propicio para la manipulación y el acoso. Igual que el bullying, que desde hace años es más intenso porque no termina en clase; el acoso de las sectas es mucho más potente, pues se puede ejercer a cualquier hora y desde cualquier lugar. El móvil se convierte en el extremo de una cadena que la víctima lleva en su bolsillo, en la mesilla de noche, en la mano, 24 horas al día.
*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.
