La otra cara de la vitamina D: una de cada cuatro personas mayores de 65 años la toma innecesariamente | Vive Saludable

La otra cara de la vitamina D: una de cada cuatro personas mayores de 65 años la toma innecesariamente

La otra cara de la vitamina D: una de cada cuatro personas mayores de 65 años la toma innecesariamente

Un con recomendaciones para el personal sanitario pone ahora, por primera vez en España, cifras a un problema que son extrapolables al resto del país, según los expertos consultados: “En agosto de 2025, 390.989 mayores de 65 años tenían una prescripción activa de vitamina D a pesar de no tener un diagnóstico de osteoporosis o deficiencia, lo que afecta al 28,3 % de esta población”.

Esto y “la gran variabilidad [observada] entre equipos de atención primaria” a la hora de recetar vitamina D llevan a los autores a la conclusión de que “racionalizar la prescripción representa una oportunidad para mejorar la calidad de la asistencia y optimizar los recursos sanitarios”.

Aunque el más reciente, no es el primer aviso que surge desde la sanidad pública sobre los excesos relacionados con la vitamina D. La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) causados por medicamentos que la contienen (19 casos en 2025, 11 de ellos graves). Y comunidades como Cantabria han comprobado que sus niveles son innecesarias.

Según este experto, las causas de este “exceso” son múltiples: “Ha tenido un papel importante la industria farmacéutica. También hay una falta de actualización de la formación de algunos médicos de familia. Y, en muchos casos, influye la presión de los propios pacientes”.

“La suplementación con vitamina D ha sido ampliamente promovida con la expectativa de mejorar la salud musculoesquelética. Las revisiones sistemáticas de la evidencia científica y las directrices internacionales más recientes muestran, sin embargo, que su uso rutinario en adultos que viven en la comunidad sin deficiencia ni osteoporosis no es eficaz para reducir caídas y fracturas”, afirma Laia Ramos Masdeu, investigadora del AQuAS.

El documento incide en una paradoja. Un exceso de vitamina D puede provocar un incremento de aquello que pretende prevenir: caídas, fracturas y dolores. Esto ocurre porque dosis demasiado elevadas disparan la concentración de calcio en sangre y orina, lo que desencadena procesos que causan confusión mental, pérdida de tono muscular y debilitamiento de los huesos, entre otros efectos adversos (cálculos biliares....).

El gran problema relacionado con la vitamina D es la falta de consenso entre la clase médica sobre los niveles a partir de los cuales el paciente debe ser tratado, admiten los expertos. “La mayoría de las guías clínicas establecen que los niveles adecuados son entre 20 y 40 o 50 ng/ml, aunque [por debajo de 20] no se recomienda el tratamiento en individuos sanos con vida saludable. Salvo que presenten niveles inferiores a 12 ng/ml, que sí son una deficiencia importante que necesita ser tratada”, explica Susana Romero, presidenta electa de la Sociedad Española de Reumatología (SER).

Esto ha llevado a establecer una recomendación que, a primera vista, puede resultar difícil de entender y seguir en unos tiempos en los que los análisis se han convertido en algo rutinario: lo mejor es no medir los niveles de vitamina D en población aparentemente sana. La razón es que hacerlo diagnosticará multitud casos de supuesta insuficiencia que, a su vez, llevarán a la prescripción masiva de suplementos que no beneficiarán a quienes los toman. Es el problema sobre el que alerta ahora AQuAS.

Según este experto, buena parte de la controversia se debe al hecho de que “aunque se le llame vitamina, la D es en realidad una hormona que interviene en multitud de procesos en el organismo”, como las de la tiroides. “Necesitamos mantenernos en unos rangos adecuados y aquí tropezamos con la falta de ensayos clínicos que los determinen claramente, por lo que un enfoque demasiado restrictivo con la suplementación también tiene sus riesgos”, concluye.

Para Miguel Ángel Acosta, todo lo anterior pone el foco en los mensajes que aseguran que existe una supuesta “epidemia” de falta de vitamina D. “No existen ensayos clínicos de calidad que lo muestren. Muchos de los supuestos problemas de salud atribuidos a su insuficiencia pueden ser en realidad asociaciones estadísticas erróneas basadas en análisis secundarios de estudios con otros objetivos. Bajos niveles de vitamina D pueden en realidad ser un indicador de mala salud y no la causa de problemas”, concluye.

*Este contenido es informativo y no reemplaza la evaluación de tu profesional de salud.